05 May 2016

In where I try to revive the blog, and babble about fruits and identity...




A friends posts on Facebook that growing up Mexican in the Midwest means that “gringos” like his tequila, but dislike his tamarind (tamarindo in Spanish because in the end, it comes from Arabic and it is not a Spanish word) candy. I reply that one doesn’t need to be a gringo to dislike tamarind, and that it is truly an acquired taste. The friend takes down or hides the post. However, it made me thing about tamarind and mamey (mah-meh-ee).

Mamey is or was, in my experience, one of the least popular fruits in Cuba where I spent the first twenty-one, almost twenty-two, years of my life. Only my mother liked it, and those who have heard my stories about my mother, and those who know me (somewhat a reflection of her) understand that she is not typical (I could say that she is not a typical Cuban, but she is very much that, “not a typical human” is more accurate). But I digress. People in Cuba did not care much for mamey. Kids and adults alike preferred many other fruits. Mangos were the favorite, then guayabas (guava), citrus fruits of all sorts, anón, guanábana, chirimoya (cherimoya), etc more or less in that order. Even the weird mamoncillo, a fruit similar to tamarind, but “individually wrapped,” was more popular than the latter. Granted, taste was also influenced by scarcity, like everything else is in Cuba.

People didn’t like tamarind because it was sour. We don’t shy away from sour tastes in most of the world, but we, humans in most Western traditions and in general, do not seek it.

People didn’t like mamey because it is bland. It is VERY bland. It is barely sweet, and has a fleshy consistency that a lot of people dislike.

Both are better processed. “Batido de mamey,” or mamey milk shake has always been one way to enjoy it. You add a lot of sugar, and it tastes better. Still, that did not make it more popular in Cuba.

Tamarind’s case is similar. People can have tamarind candy, and tamarind water, and even add its flavor to soups (in Eastern and Southeastern Asian cuisines, for example), but that still won’t make it very popular, at least not in Cuba, and in my experience, not in Latin America in general.

So, why do people now seek both fruits? Mamey has become the center piece of the menu of a Miami culinary institution identified as one of the symbols of cubanía (Cubanness): El Palacio de los Jugos. But, it is not only there where I see it happening. People go looking for it as if they were desperately seeking to hold on to their identity for dear life. And when I say people, it is mostly those who were either born here and identify as Cubans, or came here while they were very young, and grew up in the US.

The same happens with tamarind among people who grew up in Mexican families in the United States.

This is an interesting phenomenon. I can understand trying to hold on to the cultural identity passed down from their elders (most human groups do that for at least a few generations), but what I don’t understand is why use two of the least popular parts of each culture to do so. Are they asserting both their identification with their ancestry and their generational differences? In other words, are they trying to be both the same and completely different from the people they come from?

If you are looking for an explanation from me, sorry, I don’t have one, but comments with your speculations are welcome.

02 July 2015

Angustia


Qué grisura de recuerdo
en la tarde nublada de treinta años
después.

10 June 2015

Ninety-something


Photo taken from the internet



To all of us who were there

Among the bicycles and dust,
within the strange salty sweet taste of the sweat on the arms
the neck,
the inner thigh,
the sweet and sour smell of the armpit and the outer ear.
Where late was the time and space without hours and without apologies in which we existed
desperate to get to nowhere
and escape at the same time from everything beyond our gaunt
and at times
momentarily joyous  figures.

Do you remember?

09 June 2015

Noventa y tantos

Foto tomada de otro sitio

Entre bicicletas y polvo,
en la extraña dulzura salada del sudor de los brazos,
el cuello,
la entrepierna,
el olor agridulce de la axila y el oído externo.
Donde tarde eran el tiempo y el espacio sin hora y sin disculpa en que existíamos
desesperados por llegar a ningún sitio
y escaparnos a la vez de todo más allá de nuestras magras
y a ratos
momentáneamente jubilosas figuras.
¿Te acuerdas?

18 May 2015

Sueño húmedo boreal


Yo nunca he estado en Buenos Aires.
Nunca toqué aquella piel
de morenura falsa y adquirida
con mis labios o las yemas mis dedos.
Nunca me he sentado en un charco de Corrientes
a oír cantar milongas a una rana
meciéndose en las letras de La Ópera.
Los adoquines bajo el asfalto
me son desconocidos
y la palabra colectivo no me lleva
a ningún sitio.
Yo nunca he estado en Buenos Aires mientras llueve.
Fue solo un sueño de mal tango, calorcito
y frío

y aguacero.

31 October 2013

Pasos


Sobre
       el otoño
                camino

03 September 2013

06 August 2013

Mid Summer hope


Here is to blue skies on rainy days.

11 June 2013

Porque no tengo otras palabras...


Yo quería escribirte otro homenaje, pero esto es, al final, lo que siento.


A Félix, un año después

Junio es ahora
de todos los meses
el más desalmado
y se ríe a cielo abierto
de las lágrimas
que cree adivinar
tras mis pestañas.
Pero a Junio le digo
que no gana,
que no lloro,
que en vez de lamentar tu cuerpo ausente,
hoy vengo a hablar de tu sonrisa,
de tu palabra;
hoy vengo a declararte presente,
vivo,
latiendo,
otra vez poeta,
otra vez amigo
otra vez tú,
a pesar de Junio
y todas sus crueldades.

17 May 2013

09 May 2013

Décima plegaria


Que nada te salve de mí.
Que nada te esconda.
Que nadie te cure.
Que regreses a mis manos
            una y otra vez
            siguiendo el mismo camino.

No te conjuro simplemente
            para que descanses entre mis ojos
o para que sueñes otra vez
            al abrigo del calor de mis heridas.

Espero
que tus lágrimas sirvan de exorcismo,
que tu dolor me levante otra vez,
que sientas la tentación de morir
            en silencio y sin cobija
y         
  finalmente,
que te pierdas en mí
            y         
            no encuentres nunca
            la luz.

10 April 2013

Puff 3 (o El hombre en el banco)

Para un cadáver exquisito que ha pedido que esto sea publicado aquí.  El relato fue originalmente publicado, gracias a la generosidad de Alexis Romay, en su blog.


En el banco, tratando de regular su respiración entrecortada, volvió a preguntarse qué carajo hacía allí. ¿Cómo podía haber olvidado aquel calor infernal, aquella humedad sofocante, los insectos, los hedores?

Había llegado buscando un hombre. 

Había llegado buscando un hombre a quien una vez conoció o pensó conocer.

Había llegado buscando un hombre a quien había amado o al menos eso se había repetido todos estos años en las largas noches depresivas después de cada relación fallida. Él sí le había amado. Estaba además seguro de que él aún le amaría si volvieran a encontrarse en la misma ciudad y el mismo barrio.

Encontró lo que encuentran todos: lo mismo con más arrugas, churre, tizne y un poquito de pintura nueva aquí o allá escondiendo las cicatrices del cemento.  Descubrió nuevos hombres nuevos y en dos días los vio a ellos también partir, partirse, mutar, ahuecarse y seguir la marcha. Se aburrió muy pronto de sus pieles y sus sonrisas rotas y sus colores subidos. Estos nuevos hombres nuevos eran hermosos, pero no eran su hombre y al darse cuenta de ello, en un momento de rabia, maldijo entre dientes a de Saint-Exupéry.

«Ya ves, le va muy bien en Italia. Revalidó su título de enfermero y su ‘amigo’ lo ha ayudado muchísimo» le dijo la madre del amante mientras le enseñaba fotos de aquel alguien a quien había llegado buscando.  Se le veía sonriente, al menos en apariencia sinceramente feliz y en algunas, junto a un señor de rostro afable y mucho mayor.  Se sintió extrañamente feliz, reivindicado y esperanzado. El desamor les unía en la distancia y quizá les uniría en la cercanía. Luego vino, sin embargo, la estocada más trapera. El señor mayor no era el ‘amigo’ del antiguo amante solamente un amigo de verdad.  El amante de su amante era joven, más joven que él, mejor parecido y un hombre de éxito.

El asidero se rompió y volvió a contemplar el mundo desde el fondo del abismo.

Se fue a caminar por las ruinas de su infancia y sin darse cuenta casi enciende un cigarrillo que como de la nada apareció entre sus dedos. Lo tiró al suelo con asco porque de todos sus vicios, sus tantos vicios, fumar nunca fue uno.

A media cuadra, jadeante, se encontró el parque. Allí estaba antes aquel derrumbe en donde entre mierda y pestilencia había sido amado o al menos poseído, penetrado, besado; es decir,  lo mismo o casi.

¿Quién le hubiese podido decir que tantos años después aquí habría un parque? Pensó entonces en lo equivocados que estaban aquellos que decían que nada cambiaba en ese país. La prueba era este parque, nuevo, limpio, con un banco (¡un banco en este barrio!). 

Se sentó a recuperar el aliento entre tanta humedad asfixiante y allí le asaltaron a la vez los recuerdos y las caricias, las caricias de hace tantos años y las que había evocado muchas veces en solitario. Se sintió otra vez adolescente y la vez invadido por algo que no quiso detenerse a descubrir. Le bastaban las caricias del amante que continuaban ahora navegando los mismos lugares de antes pero con una energía nueva, metamórfica y casi feroz.

La noche pasó.

En la mañana, mientras el sol trataba de superar las ruinas, un adolescente  pasó, como cada domingo, medio ebrio aún y oliendo a piel extranjera, por el solar yermo a media cuadra de su casa.

Casi le sorprende el montículo nuevo, que de la noche a la mañana había aparecido en el terreno, baldío desde hacía tanto. Casi, porque al detenerse a mirar se encontró con el rostro de su tío mirándole sonriente junto a su novio desde la fotografía abandonada en el suelo. La recogió para llevársela a su madre y ya no miró más aquella lomita de polvo que comenzaba a esparcirse con la brisa quejumbrosa de la mañana.

09 April 2013

People in the rain (no photo)


There are people traveling
in the rain,
jumping from drop to drop,
pirouetting across the mist.
There come all of them
escaping Heaven for Earth,
climbing back,
and returning .
They are not coming to cleanse you.
They are not coming to save you.
They are just here to dance,
and only you can rescue
you.

22 March 2013

El Otoño de la razón


A nuestra cursilería postmoderna.
Cuando regresó del árbol
al banco lo encontró vacío.
Iba ahora de morada la tarde,
noche incipiente
y a lo lejos fornicaban a gritos
o en silencio los amantes.
Se alejó corriendo de aquel parque.
Llegó hasta el mar justo
a ver como el miedo     
se tragaba en paroxismo
la última balsa.
Regresó al árbol desesperado
y se ahogó
para siempre entre sus manos,
que cargaban los últimos puñados
de hojarasca.

28 February 2013

Brevísima

No vale ya ser Ulises,
Ítaca nunca existió.

26 February 2013

Magic


On the other side of the window, suspended glass on the other side of the glass.

04 February 2013

Pequeñísimo encantamiento para un poeta (sin foto)


Que sola vaya la muerte.
Que nunca tu huella encuentre.
Que jamás tu voz nos robe.
Que de largo siga y tu luz ignore.