Dice a modo de queja una vieja canción de la nostalgia que "...desde mi ventana el mar no se ve". Me pregunto si hace falta mar teniendo tanto cielo. O será que los que de él venimos, sí lo necesitamos. Aquella maldita circunstancia del viejo poeta quizá...
De vez en cuando comienzo a extrañar las ruinas entre las que me formé, los odores, la humedad, y el calor que parece ser asfixiante, pero que dejas de sentir "si te estás quieto por dos minutos (!!)" como gritaba mi madre, y entonces nieva...
Entre el cielo y la tierra, entre la ciudad y la noche, la línea surcaba entre los esqueletos del invierno tratando de dividirlo todo. Todo, sin embargo, continuaba siendo uno solo.